Reseña

Borgoña


Reseña

Israel Rojas

Obra

Borgoña

Autor / Autora
Karina López Vázquez

Tiempo de lectura
5 a 10 minutos

Entre el simbolismo del tarot, la tradición oscura y la experiencia urbana, Israel Rojas encuentra en Borgoña, de Karina López Vázquez, un poemario construido sobre fuerzas que parecen opuestas pero terminan formando una misma unidad. Lo místico, lo callejero, la resistencia y la búsqueda de identidad atraviesan una lectura donde lo antiguo y lo contemporáneo se encuentran en una poesía que reclama su propio territorio.

Ilustración inspirada en Borgoña de Karina López Vázquez, entre simbolismo místico, tarot y paisaje urbano.

La obra

Borgoña
Karina López Vázquez
Poesía · #86
Taller de Creación Literaria
CDMX · 2025

Las formas vetustas, la cicatriz decadente tiene su inapreciable encanto. Abiertas las grafías de la oscuridad, descubierto el pequeño andamiaje que hace dinámica la vida, la sensibilidad humana despierta y ya no hay hechizo para regresar de su influjo; muchos de nosotros ya éramos niños enamorados de la oscuridad, sus misterios… la muerte.

Libros en lenguas muertas, la madera de ciertos barcos y libreros, ciertas piezas de ajedrez, dagas que guardaron los siglos, los mazos antiguos del tarot y los atanores de forjas únicas, gozan –no sé si sea la palabra que busco– atisban y guardan –me parece más atinado– esa pátina de las pequeñas grandes cosas de las que está hecha el mundo y sus secretos ancestrales, es como si el tiempo también fuera un escultor.

La introducción de Borgoña a cargo de la maestra Martha Lujano Valenzuela, es bondadosa en la rica historia europea y vericuetos por los que la propia palabra ha pasado, por lo que para esos fines históricos secundo su lectura; yo a lo que quiero llegar es a esa pátina que se forma en la mente y que va tomando forma de melancolía (¿acaso la melancolía de un conocimiento perdido?), de una energía oscura que busca su salida y la encuentra en este doble juego donde ni lo poético ni lo político carecen de inocencia.

Sin embargo, antes de proseguir sobre el poemario, es necesario regresar –un poco– a la palabra juego, la cual puede parecer infantil, acaso peyorativa. Pero nada de ello, por el contrario, no encuentro nada más serio que el juego de la poesía, de la geopolítica, los juegos del cosmos y del niño solitario que conquista una colina. ¿Por qué? Porque el juego es la fase superior de planeación en el que ha obtenido sus reglas, sus fines, sus limitaciones y sus objetivos, es decir: un ser orgánico, un sistema de ideas que le dan plena unicidad. Condición ésta última que considero importante, más no la única, en la construcción de un poemario y no de un libro de poemas, donde, entre otros criterios, parecen estar definido por el “chile, mole y pozole”, lo cual tampoco está mal, ¡carajo!, el arte barroco nunca ha salido de nosotros.

Pero bueno, dicho lo anterior, se entiende que cuando hablamos de Borgoña abordamos un poemario en el que comentarista y autora nos adelantan que la propuesta del poemario ofrece y permite dos lecturas que, sumadas, nos dan una doble experiencia que yo he encontrado como mística y urbana, hasta llegar a converger y formar la unidad de la que hablo arriba.

Con la propuesta o senda de lectura siguiendo a los 22 Arcanos Mayores del tarot, recurre –o mejor es expresar, regresa– a un lenguaje mítico y por ende oculto que tiene por base la heráldica y otras tradiciones de la vía del conocimiento oculto que contiene y revela el tarot. Los doctos e iniciados no sólo han teorizado y formado sus propias escuelas y la intención del poemario no es la de imponer una forma de lectura porque su relación con el símbolo es de naturaleza poética. Recordemos que los antiguos vates y las mujeres de los misterios de Eleusis transmitían la palabra en forma de vaticinio, y si bien uno de los poderes del tarot más renombrados es que quienes lo saben leer, saben leer los días y las noches de los personas. Karina, sin la total pesadez del lenguaje hermético, pero fino ojo poético, nos acerca a nociones de los arcanos que están en nosotros o incluso alrededor de nosotros, pero sin darnos cuenta porque –efectivamente– vivimos dormidos o en el mejor de los casos, distraídos, hasta que el golpe del arcano se revela como algo inevitable, pero que siempre supimos más adentro de nosotros de lo que a veces nos gustaría reconocer:

“Es posible que a ti y mí

La Justicia nos mire pronto a los ojos

lúgubre, penetrante, sin adornos,

equilibrada” (32).

En esa tesitura, cada arcano mayor nos descubre ante nuestra naturaleza que como en este juego de azar, un día se está arriba, como otro abajo. En el fondo, este juego simbólico nos lleva a preguntarnos qué queremos saber de nosotros, y en ese sentido las convicciones espirituales de la voz lírica son claras y productos de una sensibilidad que ha devenido en un conocimiento que la une con los diferentes niveles de la vida, así declara:

“He aprendida a ser una con El Mundo

tres veces siete

ritmo de esta danza cósmica

mi fortuna crece

sublime realización” (55)

No sin razón, otros lectores encontrarán la discreta sombra de los simbolistas, sin embargo, eso no hace más que extender el diálogo poético de Karina basado en la palabra que oculta y delata, que desvela, pero también confunde, pues las respuestas no siempre están en las palabras, sino en los ojos poéticos que aprendieron a mirar y encontrar.

El poemario se complementa con su forma más salvaje, urbana y animal, creando un todo logrado porque une lo sublime y lo bajo, la pátina de la antigüedad con la furia, el borgoña, con el arrabal.

Claro está, escrito en primera persona no puede evitar tener un testimonial que le sirve para afianzar su identidad plena, salvando el yoismo que impera en la meca de nuestra poesía nacional. Aquí su voz es necesaria porque el discurso de estos poemas es de conquista –en sentido meramente político– y resistencia. No lo podemos evitar, tenemos bien clavada la idea de que la libertad es un derecho que te dan en automático, sin embargo, para Karina la propuesta puede ser diferente y no parte del concepto de la libertad como derecho o dádiva, sino como una propiedad que se toma, como una conquista del día a día porque sus poemas urbanos son la adjudicación del lenguaje, de la “guama” banquetera, de la bacha, de la calle; se conquista el barrio, el metro y hasta los festivales de poesía. Pero para Karina lo más importante parece ser la conquista de sus gustos y pasiones, la conquista de su punk, de su muerte punk que encuentra en las noches en que deja de ser mujer para ser animal, o como prefiere decir: nahualear, en recovecos de la ciudad en donde “Las perras me enseñaron a ser refugio en cualquier lugar”

Como algunos de ustedes saben, Borgoña ha cumplido su primer año y sin duda ha encontrado a parte de sus lectores, por lo que este comentario no tiene el afán de promover como clásicamente se estila. Más bien, pienso que un año es un buen momento para reflexionar en un libro que deviene de la tradición oscura y que ha tomado parte de lo mejor de la misma, un poemario que ha podido reunir lo alto y lo bajo, lo antiguo y nuestra contemporaneidad. Por supuesto la juventud no entiende de consejos y seguramente seguirán pululando las aventuras góticas que tanto nos fascinan, sin embargo, la historia de esta parte de la literatura tendrá que considerar que en Borgoña tienen un referente ineludible.

Me es imposible hacer un último comentario: En 2021, Karina López publicó Inmarcesible y del cual se desprenden varios buenos poemas. Sin embargo, se siente la urgencia de ese momento por querer publicar y precisamente salió un libro de poemas que fue importante porque la arrojó al mundo de la literatura. Pero siempre con allegados, que no son muchos, comento que sí, es importante el primer libro por lo que ya dije, pero realmente el segundo libro es el importante porque la prueba como escritora… Karina López puede sentir Borgoña, como un cáliz revitalizante en su poesía, un cáliz que se espera sea un gran impulso. Saludos.


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