Retrato de Verónica Miranda Maldoror, escritora, música, artista multidisciplinaria y gestora cultural mexicana.

Verónica Miranda Maldoror

Verónica Miranda Maldoror es una escritora, música, artista multidisciplinaria y gestora cultural mexicana cuya trayectoria se extiende por la literatura, la música, el teatro y la edición independiente. Vinculada desde su juventud a la escena punk y a diversos movimientos culturales alternativos, ha desarrollado una obra que explora la memoria, la imaginación y los territorios más inquietantes de la experiencia humana, mientras participa en la creación de espacios para la expresión artística y la difusión de otras voces.

Obra publicada

  • En el esqueleto de la noche · 2017
  • Oscuros pensamientos · 2017
  • Cuerdas, una historia punk · 2018 · Reedición 2022
  • La conjura de los monstruos · 2019
  • Jaulas · 2022
  • Mi aullido · 2023
  • Los cuatro jinetes del apocalipsis y un carrusel · 2023
  • Juglaremos · 2025
  • Andar entre muertos · 2025

La niña que aprendió a construirse


Cuando se le pregunta qué la impulsa a escribir, cantar o subir a un escenario, Verónica Miranda Maldoror tarda un momento en encontrar una respuesta. Está acostumbrada a hablar de libros, bandas y proyectos culturales; detenerse en la persona que ha sostenido todo ese trabajo le resulta menos habitual. En una conversación personal reconoce que la creación ha estado siempre presente en su vida, aunque ni ella misma sabe explicar del todo de dónde nace esa necesidad. Al intentar describirla encuentra una expresión tan íntima como literaria: «Mi obra es para silenciar al silencio».

Nació a comienzos de los años setenta en San Pedro Mártir, al sur de la Ciudad de México, en un entorno que todavía reconoce como el de una niña de pueblo. Su formación artística ha sido fundamentalmente autodidacta, construida a través de la curiosidad, la perseverancia y el contacto con personas y movimientos culturales que fueron ampliando sus posibilidades de expresión. Cuando vuelve la mirada hacia sus primeros años habla de dificultades familiares y de la necesidad de abrirse camino por sí misma. Prefiere resumir una parte de esa historia con pocas palabras: «Me creé a mí misma».

Esa afirmación adquiere otro significado al recorrer su trayectoria. La mujer que se describe como una persona común, con responsabilidades laborales y familiares, ha dedicado décadas a escribir, hacer música, participar en el teatro y organizar actividades para otros creadores. Sus proyectos no surgieron en un espacio ajeno a la vida cotidiana: crecieron mientras trabajaba y encontraba maneras de sostenerlos, muchas veces al margen de las estructuras culturales tradicionales.

El punk, el terremoto y el descubrimiento de lo colectivo


A mediados de los años ochenta, cuando todavía cursaba la secundaria, Verónica comenzó a acercarse a la escena punk de la capital. Una investigación de la Universidad Libre de Berlín, basada en una entrevista que le realizaron en 2014, la identifica entre las fundadoras de Chavas Activas Punks, colectivo de mujeres que encontró en la música, los fanzines, la organización comunitaria y la expresión escénica herramientas para intervenir en un ambiente donde también debían enfrentar el machismo.

El terremoto del 19 de septiembre de 1985 ocupa un lugar decisivo en sus recuerdos. En una historia oral publicada por el Goethe-Institut, Verónica cuenta que se trasladó a Tlatelolco tras la suspensión de clases y participó en las labores de apoyo a quienes trabajaban entre los escombros. Allí conoció a Reina, quien más tarde también formaría parte de las Chavas Activas Punks. Aquella experiencia le permitió descubrir una práctica de solidaridad que permanecería vinculada a su manera de entender la cultura y la vida en comunidad.

Las Chavas Activas Punks construyeron espacios para reunirse, escribir, hacer música y hablar de asuntos que muchas veces quedaban fuera de las conversaciones dominadas por los hombres. Su historia contiene desacuerdos, dificultades y episodios dolorosos, pero también una experiencia de organización compartida. Para Verónica, esa etapa tiene una dimensión que trasciende la pertenencia a una escena musical: las palabras, el escenario y la autogestión podían servir para transformar el lugar que cada una ocupaba en el mundo.

Los fanzines, la escena y el nombre Maldoror


Antes de que las redes sociales facilitaran la circulación de textos y fotografías, buena parte de la cultura alternativa se difundía mediante hojas fotocopiadas, publicaciones artesanales, encuentros en el Tianguis Cultural del Chopo y presentaciones organizadas por los propios participantes. Verónica colaboró en fanzines y proyectos independientes; entre ellos figura Matter Tenebrarum, asociado también a sus búsquedas teatrales y escénicas. El interés por la literatura oscura, la experimentación y las expresiones marginales encontró allí un espacio de desarrollo.

El nombre Maldoror procede de su admiración por los escritores que suelen agruparse bajo la denominación de poetas malditos, especialmente por Isidore Ducasse, conde de Lautréamont, autor de Los cantos de Maldoror. En una entrevista publicada en 2017, explicó que había adoptado ese nombre como parte de su identidad artística y recordó la creación de La Herencia de Maldoror, una comunidad gótica que comenzó en internet en 2004.

La elección del seudónimo habla de sus afinidades literarias, pero también del modo en que ha reunido diversas formas de creación bajo una identidad propia. Poesía, narrativa, performance y música forman parte de una trayectoria que ha cambiado de formatos sin abandonar el gusto por las atmósferas inquietantes, la imaginación fantástica y las preguntas sobre la experiencia humana.

La música y el teatro como extensiones de la palabra


A comienzos de los años noventa participó en Cadáveres, banda vinculada a la escena postpunk mexicana. Después desarrolló proyectos que incluyeron Dominus Servus, Seth Eterno y MorS, además de presentaciones en solitario. En cada etapa exploró maneras distintas de reunir composiciones musicales, relatos, imágenes y acciones escénicas. Su trayectoria se ha movido por el punk, el rock oscuro y otras expresiones relacionadas con la cultura gótica.

La actuación y el performance ocuparon también un lugar importante. En el proyecto Matter Tenebrarum trabajó con representaciones vinculadas a la literatura fantástica y de terror, y más adelante participó en colectivos como Laboratorio de Engendros y Visceral Scene. Su actividad ha quedado registrada en documentales sobre la cultura alternativa mexicana, entre ellos Las chavas, el primer aullido y Gritos poéticos de la urbe. Son huellas de un trabajo que ha recurrido tanto al cuerpo y a la voz como a la página escrita.

También participó como actriz en el cineminuto Un amante furtivo, una experiencia que recuerda con especial orgullo. Según su propio testimonio, trabajó en esta pieza bajo la lente del cineasta Juan Carlos Rulfo. Su participación en el proyecto amplía el recorrido de una artista que también ha encontrado en la cámara otra manera de expresarse.

En su espacio musical de Bandcamp pueden encontrarse Balada Necrófila y Rompecabezas, grabaciones que permiten acercarse a esa otra vertiente de su obra. Escucharla es descubrir que, para Verónica, la escritura puede convertirse en canción, en representación escénica o en una forma de compartir historias frente al público.

Nueve libros y una escritura que no acepta una sola etiqueta


Su bibliografía comienza, de acuerdo con la relación de obra que ella misma proporciona, con En el esqueleto de la noche y Oscuros pensamientos, publicados en 2017. En 2018 apareció Cuerdas, una historia punk, reeditada en 2022; le siguieron La conjura de los monstruos (2019), Jaulas (2022), Mi aullido (2023), Los cuatro jinetes del apocalipsis y un carrusel (2023), Juglaremos (2025) y Andar entre muertos (2025). Nueve títulos que reúnen distintas etapas de una producción sostenida y desarrollada en buena medida dentro del circuito editorial independiente.

Entre esas obras, Cuerdas, una historia punk ocupa un lugar particular porque recupera experiencias relacionadas con la juventud, el terremoto y el colectivo Chavas Activas Punks. El relato histórico publicado por el Goethe-Institut la presenta como una novela corta autobiográfica. La memoria personal se encuentra allí con la historia de una generación y de una escena cultural que durante mucho tiempo contó con escasos archivos propios.

Pero la escritura de Verónica también recorre otros territorios. En Aion.mx ha publicado poesía relacionada con la filosofía, textos sobre la guerra y relatos que dialogan con la cultura popular japonesa. En la revista Especulativas apareció La Tejedora, una narración de ciencia ficción que imagina el futuro de la escritura y de las posibilidades de comunicación. Estas publicaciones permiten acercarse a una autora cuyos intereses van más allá de las etiquetas de horror, literatura gótica o narrativa fantástica.

Ese interés por la filosofía ocupa actualmente un lugar importante en su vida. Verónica se encuentra estudiando esta disciplina y reconoce en el pensamiento de Gilles Deleuze una referencia significativa para su formación, entre otras lecturas que acompañan su aprendizaje. Su acercamiento a estas ideas también encuentra expresión en la escritura, como puede apreciarse en Sin órganos, un breve poemario inspirado en Deleuze, publicado en Aion. La formación autodidacta que ha acompañado su trayectoria continúa desarrollándose así mediante nuevas inquietudes intelectuales y nuevas maneras de acercarse a la literatura.

Su obra ha circulado además por antologías y revistas nacionales e internacionales. Esa presencia múltiple, acompañada de nuevas publicaciones y colaboraciones, describe una relación con la escritura que no ha dependido de una sola editorial ni de un único género.

La tarea de abrir espacios para otras voces


A su actividad como autora se suma una labor constante de difusión y organización cultural. Verónica ha colaborado con proyectos como Letras Oscuras y dirige Bilis Negra Ediciones, sello independiente con el que ha publicado parte de su obra reciente. También ha participado en colectivos, encuentros literarios, iniciativas radiofónicas y actividades dedicadas a la cultura alternativa. En estos espacios, su trabajo implica leer, coordinar, producir, acompañar y ayudar a que otras propuestas encuentren un lugar.

Esa dimensión colectiva dialoga con sus primeros años en el punk. Los fanzines, las presentaciones autogestivas y la solidaridad entre compañeras dejaron una manera de trabajar que continúa presente en sus proyectos. En 2019, el Instituto Nacional de Bellas Artes la incluyó entre las participantes de una lectura poética dedicada a distintas expresiones de la sombra en la escritura de mujeres. Su presencia en esos espacios y su trabajo editorial muestran la amplitud de una trayectoria construida tanto en los circuitos independientes como en encuentros institucionales.

Una parte de esa contribución resulta difícil de medir en títulos o reconocimientos: las personas que participaron en una lectura, encontraron una publicación, escucharon una banda o compartieron escenario gracias a actividades que alguien tuvo que organizar. En la historia de Verónica, crear y colaborar han avanzado durante décadas por caminos que se cruzan.

La vida detrás de la obra


Al hablar de sí misma, Verónica recuerda que también es madre, trabajadora y una mujer que ha tenido que responder a las exigencias de la vida cotidiana. Le sorprende que alguien quiera conocer las razones personales detrás de sus proyectos. Esa sorpresa permite observar algo que una relación de publicaciones deja fuera: el tiempo, la disciplina y las decisiones necesarias para sostener una actividad artística tan diversa mientras transcurre el resto de la vida.

En sus palabras conviven emociones que sería injusto simplificar. Reconoce la tristeza como una presencia que a veces la impulsa a crear, pero también afirma con claridad que le gusta vivir. La imaginación oscura de muchos de sus libros, canciones y representaciones coexiste con el entusiasmo de seguir haciendo cosas, con la curiosidad que la ha acompañado desde joven y con una trayectoria que continúa abierta.

Quizá su propia expresión, «Me creé a mí misma», sea una manera de reunir esas dimensiones sin pretender resolverlas. A lo largo de su vida, Verónica Miranda Maldoror ha escrito historias, cantado, actuado, editado libros, organizado proyectos y participado en experiencias colectivas que forman parte de la memoria cultural de México. La biografía de una artista no se agota en aquello que ha logrado publicar, del mismo modo que una vida no puede explicarse por una sola experiencia. Su historia permanece en las obras que firma y también en los espacios, las colaboraciones y los vínculos que ha ayudado a construir.

Verónica Maldoror: memoria, imágenes y voces


La trayectoria artística de Verónica Miranda Maldoror también puede recorrerse a través del cine y los documentales. Desde su participación como actriz hasta los registros audiovisuales del movimiento punk mexicano, estas producciones permiten conocer otras dimensiones de su trabajo y de las experiencias colectivas que han acompañado su vida.

Un amante furtivo · Cineminuto con la participación de Verónica Miranda Maldoror. Una experiencia que la artista recuerda con especial orgullo por haber trabajado bajo la lente de Juan Carlos Rulfo.

Su participación en la historia del punk mexicano también aparece en los documentales realizados por Susana Quiroz e Inés Morales, quienes recuperaron las experiencias de las mujeres que encontraron en la música, la poesía y la organización colectiva formas de expresión y resistencia.

Las chavas, el primer aullido

Documental que recupera las experiencias de mujeres vinculadas al movimiento punk mexicano entre 1987 y 1991, dirigido por Susana Quiroz e Inés Morales.

Gritos poéticos de la urbe · 1995

Documental de Susana Quiroz e Inés Morales sobre la poesía, el performance y las experiencias de mujeres que participaron en el movimiento punk mexicano.

Para conocer más de su obra


La obra de Verónica Miranda Maldoror puede explorarse también en su página de autora en WordPress, donde reúne información sobre sus libros y publicaciones. Sus textos en Aion.mx permiten conocer otras vertientes de su escritura, mientras que sus composiciones musicales están disponibles en Bandcamp. También comparte materiales relacionados con su actividad artística en su canal de YouTube.

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